La mirada del otro. Lecturas confinadas.


Me llamo Iván y tengo 16 años. El confinamiento «me pilló» cursando 4º de ESO y no pensé entonces, como supongo que muchos de vosotros, que todo iba a ser tan grave y terrible como ha sido. Recuerdo que los primeros días y semanas me sentía bien por no tener que volver al insti y poder pasarme el día en casa. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo y veía que esto iba para largo, empecé a sentirme muy solo y aburrido. Se me hacía muy pesado estar en casa sin hacer nada más que ver tonterías en la tele y hablar con amigas y amigos por WhatsApp. Quería hacer algo diferente, pero entonces no sabía qué.

Un día, durante una de nuestras clases online de Lengua Castellana y Literatura, la profesora nos propuso que hiciéramos un club de lecturas confinadas. Nos envió una gran lista de títulos de literatura juvenil, nos contó de qué trataba cada libro y nos recomendó el que ella creía más apropiado para cada uno de nosotros según nuestros gustos y personalidad, dándonos también la libertad de elegir el que quisiéramos si su propuesta no nos agradaba. En su momento no me hizo mucha ilusión la idea, la verdad, porque nunca me ha gustado leer y, hasta ese momento, todos los profesores y profesoras que habíamos tenido nos habían obligado a leer cosas que ni nos gustaban ni entendíamos bien. Un rollo, vamos.

No sé si fue por el aburrimiento y cansancio que llevaba encima después de varios meses encerrado, pero decidí hacer caso a la profesora y comencé a leer el libro en el que había pensado especialmente para mí. Se trataba de Días de Reyes Magos, una novela juvenil de un escritor llamado Emilio Pascual. La idea era que lo fuéramos leyendo poco a poco y que, para fin de curso, hiciéramos una exposición sobre él. Durante nuestra lectura, podíamos hacerle preguntas a la profesora, tanto en las clases como por email, si nos surgían dudas, si queríamos cambiar de lectura porque no nos gustaba la que habíamos elegido, etc.

He de decir que lo que más captó mi atención fue la relación entre los dos protagonistas, un chico y una chica de mi edad. Eso me enganchó. Sin embargo, el libro tenía muchas referencias a obras de arte, películas y otros libros que yo no conocía, lo cual me parecía un poco complejo de seguir. Se lo comenté a la profesora y ella me sugirió que anotase en un papel todas esas referencias, tanto las que me sonaban como las que me eran desconocidas y que buscara información sobre ellas, sobre si estaban disponibles esas películas para verlas en casa... y cosas así. Cuando me dijo esto, lo primero que pensé fue que me estaba mandando más deberes, la verdad. Luego me di cuenta de que, con el móvil al lado siempre, no me costaba nada ir buscando esa información. Poco a poco, construí una lista de títulos muy amplia y descubrí que ese libro me estaba recomendando —igual que hizo mi profesora—, libros, películas, arte, cosas que, —supuse yo— debía de merecer la pena conocer.

Terminada la lectura y para mi sorpresa, el libro me encantó. Me emocionó mucho la historia y me animó a seguir leyendo y a ver películas como El club de los poetas muertos (el libro no me lo he leído, pero la peli me gustó mucho) y otras como las de Sherlock Holmes en Netflix.

No puedo decir que a día de hoy sea un gran lector, pero esta experiencia consiguió que me interesara más por un mundo que siempre había estado alejado de mí y de mis intereses. Un año después, ya en 1º de Bachillerato, conservo esa larga lista y aún tengo pendientes lecturas y películas que tengo ganas de poder marcar como leídas y vistas. Me propongo seguir añadiendo títulos interesantes, esos que, según dicen, uno tiene que leer y ver antes de morir.     


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